ÁRBOL JOVEN
«Lo humano y lo vegetal»
Esta obra nace del ensamblaje de fragmentos del cuerpo de Ariane —pierna, pie, brazo, mano y dedos— obtenidos mediante moldes directos sobre su propia piel. Las extremidades se elevan unidas, en un gesto vertical que recuerda el crecimiento de un tronco y sus ramificaciones.
En Árbol joven, el cuerpo se transforma en paisaje, en estructura viva. Las partes humanas, desmembradas y reunificadas, se comportan como raíces, ramas y brotes: son materia que crece, se expande y busca el equilibrio. La escultura se convierte así en una metáfora de la afinidad entre el ser humano y el árbol —ambos organismos que se erigen hacia la luz, que respiran, que registran el paso del tiempo en sus pieles.
El árbol, como el cuerpo, guarda la memoria de su crecimiento: la acumulación de capas, huellas, heridas y regeneraciones. En esta obra, la verticalidad simboliza la continuidad entre lo corporal y lo natural, entre lo íntimo y lo universal.
Árbol joven es una reflexión sobre la expansión vital. Un gesto de arraigo y apertura. El reconocimiento de que lo humano y lo vegetal comparten una misma lógica de existencia: la búsqueda constante de estabilidad dentro del movimiento.
→Escultura_Fundición de bronce a la cera perdida_Moldes sobre el cuerpo_2006_Barcelona.