En un bosque francés, tras una tormenta, un roble de diez metros cayó sobre la tierra. Invitados en residencia artística, Ariane Patout y René Müller trabajaron durante dos semanas directamente sobre su tronco, en plena naturaleza.
La pieza conserva la forma natural del árbol, pero revela su interior oculto: tres diamantes esculpidos directamente en la madera, como joyas secretas que nacen de la materia misma. No son incrustaciones añadidas, sino vaciados tallados in situ, en el propio corazón del tronco. El trabajo comenzó en las raíces, todavía cubiertas de tierra y piedras, que fueron limpiadas con esfuerzo hasta resaltar toda su fuerza y belleza. Así, lo visible y lo invisible —raíces y diamantes, naturaleza y cultura— se funden en un mismo cuerpo.
La obra quedó en el bosque, como testimonio del encuentro entre el poder de la tormenta y la mano del hombre, entre la brutalidad del derrumbe y la delicadeza de la creación.