ROCA DORADA
«Cuando no se puede frenar el impulso»
La acción fue espontánea. De esas que surgen errando por la naturaleza, cuando uno lleva algo de material en el coche y el paisaje, de pronto, provoca una atracción inexplicable. En un estado de contemplación, algo te llama. No sabes por qué, pero necesitas acercarte, tocarlo, intervenir.
Fue así como decidí dorar la punta de un peñasco en el mar con hojas de pan de oro. Llegar hasta allí no fue fácil: el mar, el viento y la lluvia no invitaban. Hubo que escalar la roca, enfrentar el vértigo, apartar las gaviotas nerviosas que defendían su punto de vigía. En ese momento, dorar aquella roca parecía absurdo, incluso peligroso, pero también inevitable.
Mientras la pequeña barca improvisada se hundía y la idea de regresar a la orilla se volvía incierta, solo existía la obsesión mezclada con adrenalina, y la necesidad de cubrir esa punta con oro.
Finalmente logras volver a tierra, con agotamiento, y entonces el sol del atardecer se refleja en la roca dorada, y es en ese instante cuando cobra sentido. No era una obra, ni un símbolo: era una acción llevada al límite, donde el riesgo, la belleza y lo absurdo se confunden hasta volverse una misma cosa.
→Intervención en el paisaje_Pan de oro_ Costa Brava_2012_Catalunya.
Intervención prévia en otra roca de la playa: