Una antigua sábana familiar se convierte en superficie de memoria.
El algodón, arrugado y plegado una y otra vez, guarda la huella de los cuerpos que lo habitaron.
En esos pliegues se repite un mismo gesto: ordenar el caos, suavizar la marca del tiempo, silenciar el ruido.
La luz cálida atraviesa la tela y revela un paisaje de líneas y sombras —una textura que vibra entre lo doméstico y lo espiritual—.
En el centro, una frase escrita: “Trop de bruit”.
Demasiado ruido, afuera y adentro.
La obra se levanta como un susurro que busca silencio, como un cuerpo que se repliega sobre sí mismo para escuchar lo que queda entre los pliegues.